[Ciclo Coen] Quemar después de leer

Después de adaptar una obra tan seria como la de Cormac McCarthy, los hermanos Coen volvieron al terreno de la comedia con Quemar después de leer (Burn After Reading, 2008), colaborando con viejos conocidos, como George Clooney  o Frances McDormand, al igual que con nuevos, como Brad Pitt. Veamos qué tal les salió la jugada.

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Las tres últimas películas de Joel e Ethan, como habréis estado leyendo estas semanas, fueron proyectos que adaptaban de algo ya creado previamente (un guión, un remake y la adaptación de una novela), y fue Quemar después de leer con la que se animaron a escribir el que sería su primer libreto original desde El hombre que nunca estuvo allí. Con esta querían hacer su propia película de espías, aunque luego derivara en algo mucho más coeniano que “una de Jason Bourne, pero sin explosiones”, como dijeron en su momento. Algo a tener en cuenta y que se nota durante todo el filme es que el guión se escribió pensando ya en los actores que iban a interpretar a los personajes (la mayoría amigos y actores recurrentes de los hermanos).

Quizás, si se ve Quemar después de leer como una obra individual, no se note nada extraño. Pero en contexto, y sobre todo siguiendo la carrera fílmica de los Coen en orden, se siente rara. Aunque no debería extrañarnos. Si algo destaca, y lo llevamos diciendo casi desde el principio del ciclo, es que los hermanísimos son muy versátiles en lo que respecta a los géneros, no les gusta acomodarse. Y eso ha creado algo que no todos los directores pueden presumir tener, y es una filmografía llena de contrastes. Te puede gustar o no, pero los hermanos tienen tantos dramas como comedias para elegir. Al gusto del consumidor. Y aquí tenemos una comedia de enredos que satiriza las distintas formas de abordar la crisis de mediana edad. Pero ante todo Quemar después de leer es una historia de personajes idiotas, de esas en las que nos gusta ver cómo van fracasando en cada decisión que toman. Muy Coen todo.

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Tan Coen como lo es el reparto. George Clooney vuelve al por ahora tercer idiota que interpreta para los hermanos (y no es el último), con los añadidos de que ahora también es un cobarde, y tiene barba de looser. Aunque, a diferencia de lo que sucedía en sus dos anteriores colaboraciones con los de Minnesota, no es la joya de la corona. El honor se lo debe a su compañero Brad Pitt, que desata uno de los personajes más peculiares que le he visto interpretar y de esos que se quedan en lo memoria por mucho tiempo. Aunque también le hacen frente un John Malkovich en su salsa, con un personaje que no deja de exclamar “What the fuck!” durante toda la segunda mitad de la cinta, una Tilda Swinton de los más desesperante o la siempre agradecida Frances McDormand. Por otro lado, también me gustaría mencionar que fue la primera película desde Muerte entre las flores, es decir casi veinte años, en la que no trabajaban con el maestro Roger Deakins. No sé ya si por la cantidad de trabajo del británico (solo tenéis que mirar las que estrenó ese año) o porque los hermanos querían trabajar con Emmanuel Lubezki (viejo conocido de nuestros ciclos cinéfilos) por algún motivo. En cualquier caso, aunque se nota su ausencia, el mexicano realiza un trabajo notable y distintivo, aunque nada alejado de lo visto en el cine de los Coen.

Para variar, Quemar después de leer no es una mala película, en absoluto. Sí es cierto que no llega al nivel de otras comedias coenianas, pero no es un punto bajo ni mucho menos. Si os gustan las comedias de enredos no me creo que esta no os divierta, hacía tiempo que no veía un enredo tan enrevesado que a su vez estuviera todo tan extremadamente unido. Graciosa, esperpéntica y con unos personajes que da gusto. Quizás no sea de las mejores, pero vaya si no lo necesita. [★★★]

Daniel Escaners

Quemar después de leer me parece una de las películas más peculiares de los hermanos Coen. Esto se debe no tanto a que juegue con elementos extraños a su cine, pues de hecho maneja la mayoría de ellos, sino por ese extraño conjunto de historias unidas por hilos muy finos. Tan finos que en ocasiones da la sensación de estar viendo diferentes filmes en uno, y provocando una especie de pastiche que los Coen son capaces de unir gracias a los grandes personajes provenientes de su guión. Un guión, claro, que vuelve a la comedia después del drama sin paliativos que resultó su anterior obra.

Y es que Quemar después de leer acaba siendo una película de personajes y de las vicisitudes que van sufriendo, salpicadas tanto por el bien conocido azar como por el tampoco extraño malentendido. Una historia de enredos que se va convirtiendo en un simulacro de un relato de espías, y viceversa, obteniendo un conjunto algo débil en según qué momentos; de hecho, resulta mucho más sólida toda la parte de los amoríos, más elemental y redonda, aunque la cara de incredulidad del personaje de J.K. Simmons, sentado en su despacho y recibiendo hilarantes informes que no acaba de encajar, ya hace que valga totalmente la pena el accidental coqueteo con las altas esferas del espionaje y la política.

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Una películas con unos personajes tan definitorios necesitaba de unos intérpretes que les dieran vida de una forma óptima, y los Coen, que nos han ido demostrando a lo largo de su filmografía que son unos estupendos directores de actores, sacan partido de cada uno de ellos. Desde el histrionismo de Frances McDormand hasta las dudas camufladas por la sonrisa de George Clooney, pasando por las caras de asco de Tilda Swinton, la contundencia de John Malkovich o, sobre todo, el buenrollito e inocencia encarnados en ese entrenador de gimnasio interpretado por Brad Pitt, que se convierte en uno de los factores más memorables de la cinta. Tanto es así que, creo yo, se conocen más los bailoteos del señor Pitt (encapsulados en gifs) que la propia película. No siempre se tiene la ocasión de ver a una de las más grandes estrellas del cine haciendo el parguela.

Quizá Quemar después de leer no sea una de mis películas de cabecera de los hermanos Coen, y de hecho prefiero otras comedias puras como Arizona Baby u O Brother, pero eso no quita que contenga los suficientes elementos coenianos para resultarme tremendamente interesante y estimulante en algunos puntos. Su algo acusada irregularidad le impide brillar más, pero en sus mejores fragmentos es una cinta destacable, y ya solo por las interpretaciones la recomendarías con efusividad. Aunque solo sea para ver la memorable escena del armario. [★★★]

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