Archivo de la categoría: Añorando series

Glee (2009-2015): Don’t Stop Believin’

Glee. Sinceramente no me acuerdo de como llegué a ella, sé que la empecé cuando aún iba por la primera temporada y que por aquel entonces empezaba más enserio en este mundillo seriéfilo. Me gustan los musicales, empecemos por ahí. Y, en cierta medida también las ficciones que suceden en institutos. Glee juntaba estos dos conceptos presentándonos a todo un grupo de verdaderos losers cantarines. Disfrutaba con ella pero la acabé aparcando allá por principios de la tercera temporada al haber perdido el interés. Y como yo, mucha más gente lo hizo, incluso antes. Sin embargo, el año pasado la volví a retomar hasta ir viendo semana tras semana está última temporada. Es una serie que es muy fácil odiar, pero cuando entras en su juego he de admitir se me hace bastante entretenida.

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True Blood (2008-2014): mejor no saques los colmillos

Encuentro irónico publicar un especial de ‘True Blood’ en una sección titulada Añorando series, porque podré hablar, discutir y criticar esta ficción, pero nunca añorarla. Ha sido una agonía tremenda, compañeros. Y no imprevista, para nada. La serie de la HBO lleva arrastrándose por el fango un buen puñado de temporadas, y de las siete con las que ha concluido apenas se podrían salvar tres o cuatro. Son muchas, pensaréis algunos. Sí, pero es que las demás son muy malas y tienen la poca decencia de colocarse las últimas. Nadie nos obligaba a verlas, está claro, pero cuando ya llevas cuatro temporadas de una serie es difícil que no hagas un esfuerzo por completarla. Mi esfuerzo en este caso ha sido tremendo y terrible.

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The Sopranos (1999-2007): con todo el respeto

Algo me pasa con Tony. Tras haber terminado ‘The Sopranos’, y como ya adelanté en un artículo anterior, puedo afirmar que esta serie no es la mía. Admiro su importancia y disfruto (a ratos) de su calidad, pero me llevo las manos a la cabeza ante su falta de enganche y esa estructura tan, entre comillas, autoconclusiva. Con la obra recientemente finiquitada por mi persona, me dispongo a desarrollar íntimos pensamientos sobre una serie que marcó una era pero que, tristemente, no me ha marcado a mí.

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Malviviendo (2008-2014): Orgullo Banderillero

“¿Saben el amigo de su hijo por el que sospechan que el niño fuma? ¿O el novio de su hija por el que se preguntan en qué han fallado al educarla? Ese tío con mala pinta al que miran de reojo y al que las señoras temen y evitan por la calle soy yo”

Ya han pasado 6 años desde que escuchamos por primera vez la voz en off de Negro (David Sainz). Desde aquel lejano ‘Me dicen Negro’ han trascurrido tres temporadas en las que hemos tenido de todo. Hoy en La Pantalla Invisible queremos hacer un homenaje a esta gran serie que tan buenos momentos nos ha brindado y que ha demostrado a lo largo de los años que en España sí se puede hacer buena ficción.

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Firefly (2002-2003) y Serenity (2005): una épica y corta odisea espacial

“There´s no place I can be since I found Serenity”

En esta época vacacional he decidido lanzarme de cabeza a la piscina (no literalmente, hace un frío que pela) y ver una de esas series míticas que llevan demasiado tiempo en mi extensa lista de pendientes. Os estoy hablando de Firefly, una de las series más reconocidas de Joss Whedon, un personaje tan querido como ¿odiado? que nos ha brindado obras como Buffy Cazavampiros (pendiente), Dr. Horrible´s Sing-Along Blog (una maravilla) o la brillante película de Los Vengadores. Firefly, a diferencia de estas, no tuvo el éxito merecido debido a una mala estrategia de FOX en su programación, lo que provocó que sólo tuviera catorce capítulos y fuera cancelada. Por suerte, dos años después se volvieron a reunir para grabar una película llamada Serenity, que le daba un final a la trama.

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